
En dirección sur desde Bisha, el altímetro sube ligeramente hasta tantear los 1.300 metros. No es suficiente para quedarse sin oxígeno, pero el paisaje cambia un poco. A mitad de camino, la cuestión era orientarse entre los cañones por explorar y en las subidas por las altiplanicies, mitad arenosas, mitad pedregosas. A lo largo de 336 kilómetros de especial, en los que fue preciso mantener la concentración y luchar contra el polvo de la carrera.

